Post por la paz
Es necesario escribir un post por la Paz, como nos incita César Calderón. Tal vez debiera no serlo, pero lo es. Quisiera escribirlo sin reproches a los políticos que se oponen a esta búsqueda de la paz, aquí y ahora; eludir referencias a sus incoherencias y a sus distintos raseros para medir según el color del gobierno.
Todo está escrito, argumentado y publicado con suficiente claridad y lucidez que poco puedo aportar al debate, así pues, no incidiré en refriegas políticas porque, en mi inocencia, soy de los que piensan que estos temas tendrían que sacarse del escenario partidista. Me limitaré a expresar dos deseos: que los ciudadanos pasemos a ser elementos activos de esta búsqueda de la paz y que callen los megáfonos de la propaganda partidista y del pimpampum. Para la controversia y disputa política hay tantos temas que, éste deberíamos declarar, la búsqueda de la paz, como espacio libre de contaminación partidista. Sabemos que los que matan son asesinos y quienes se prestan al uso interesado de la violencia, o de sus consecuencias, terroristas.
Me gustaría pensar que el asunto está en nuestras manos, en manos de la sociedad civil; que nuestros deseos de paz son tan fuertes y se hacen oír con tanta claridad que no habrá quien se resista. Me gustaría pensar que, entre todos, podemos evitar el próximo atentado -¿es necesario desear que ojalá nunca se produzca el próximo atentado?-; que en nuestras manos está impedir que la sinrazón se lleve la vida de un político, de un militar o la de un empresario, pero también la del guardaespaldas que le custodia y la del obrero que cumplía su jornada, la del niño que jugaba o la del estudiante que pasaba por allí; tenemos que evitar el llanto del hijo que pierde a su padre, del padre que pierde a su esposa, del amigo que pierde al amigo; tenemos que evitar la congoja, perplejidad y la frustración de todos.
Me gustaría confiar en quienes nos dirigen; tengo, supongo que tenemos, necesidad de confiar en ellos. Mientras madura el fruto de la sensatez, seguiré escribiendo, conversando y proclamando, donde sea preciso, que En mi nombre Si.
Publicado en la sección de opinión, DESTACADOS DEL DIA, de
El Otro Diario
Todo está escrito, argumentado y publicado con suficiente claridad y lucidez que poco puedo aportar al debate, así pues, no incidiré en refriegas políticas porque, en mi inocencia, soy de los que piensan que estos temas tendrían que sacarse del escenario partidista. Me limitaré a expresar dos deseos: que los ciudadanos pasemos a ser elementos activos de esta búsqueda de la paz y que callen los megáfonos de la propaganda partidista y del pimpampum. Para la controversia y disputa política hay tantos temas que, éste deberíamos declarar, la búsqueda de la paz, como espacio libre de contaminación partidista. Sabemos que los que matan son asesinos y quienes se prestan al uso interesado de la violencia, o de sus consecuencias, terroristas.
Me gustaría pensar que el asunto está en nuestras manos, en manos de la sociedad civil; que nuestros deseos de paz son tan fuertes y se hacen oír con tanta claridad que no habrá quien se resista. Me gustaría pensar que, entre todos, podemos evitar el próximo atentado -¿es necesario desear que ojalá nunca se produzca el próximo atentado?-; que en nuestras manos está impedir que la sinrazón se lleve la vida de un político, de un militar o la de un empresario, pero también la del guardaespaldas que le custodia y la del obrero que cumplía su jornada, la del niño que jugaba o la del estudiante que pasaba por allí; tenemos que evitar el llanto del hijo que pierde a su padre, del padre que pierde a su esposa, del amigo que pierde al amigo; tenemos que evitar la congoja, perplejidad y la frustración de todos.
Me gustaría confiar en quienes nos dirigen; tengo, supongo que tenemos, necesidad de confiar en ellos. Mientras madura el fruto de la sensatez, seguiré escribiendo, conversando y proclamando, donde sea preciso, que En mi nombre Si.
Publicado en la sección de opinión, DESTACADOS DEL DIA, de
El Otro Diario





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