La proporción de las medidas
Se pregunta Gabriel Elorriaga, ¿qué medida es proporcionada para luchar contra el terrorismo?. Manda narices que un político español se haga esta pregunta para eludir una respuesta clara de condena a toda la violencia en Oriente Medio.
Desde hace tiempo aquí, tal vez condicionados por el GAL y la guerra de Iraq, existe la convicción indubitada de que al terrorismo se le tiene que hacer frente con el Estado de Derecho y con la legalidad internacional. Por ello las palabras de Elorriaga son lamentables y tienen un resabio de cinismo que, por reiterado, aburre.
El Partido Popular decidió hace tiempo sacar partido político de todo lo que pase, sabedor que hay una tropa de columnistas, contertulios y opinadores en general que jalearán sus tesis. El chaparrón que se llevó José Blanco por sus manifestaciones no son comprensibles sino desde la estrategia elaborada en Génova o donde sea, que ellos sabrán, o desde la equidistancia y la aceptación, sin matices, de lo políticamente correcto. Porque las palabras de Blanco son obvias de toda obviedad. Lo que dijo el Secretario de Organización del PSOE es que las víctimas civiles de los bombardeos israelitas no son “daños colaterales” sino un “objetivo buscado”. En las mismas declaraciones condenó las acciones terroristas de Hezbollah y la desproporcionada respuesta de Israel.
Si sabemos que Israel es capaz de matar a un enemigo que viaja en automóvil con un obús teledirigido; si cuenta con un ejército magníficamente dotado y con las armas más avanzadas; si la tecnología de hoy permite distinguir un edificio militar de una vivienda civil, detectar con precisión milimétrica todo tipo de instalaciones y reconocer cualquier movimiento que se produzca. Si todo esto es así, las afirmaciones de Blanco, conocidos los desastres de esta guerra, son procedentes y justificadas. Más aún, cuando Israel, horas antes de la reunión de Roma, decide la destrucción de un cuartel de la ONU matando a cuatro observadores internacionales, conociendo la ubicación, sabiendo que se le había avisado de su localización exacta y pidiéndoles, hasta en 10 ocasiones que detuvieran los ataques , ¿podemos aceptar que se trataba de un error?, ¿podemos aceptar estas muertes como “daños colaterales"?, ¿basta con pedir perdón? Este error buscado recuerda, en su método, al que costó la vida a José Couso .
Así pues, señor Elorriaga, la proporcionalidad está en el respeto a la legalidad. Legalidad que pasa por cumplir las resoluciones de la ONU y por respetar las infraestructuras civiles, por ejemplo. Y por último, conocemos lo que ha ocurrido desde la invasión de Iraq y, por ello, sabemos qué es lo que no se puede hacer para luchar contra el terrorismo.
Los lamentables episodios que se suceden en Oriente Medio nos confirman que algunos tienen patente de corso. La protección de EEUU a Israel es tal que incluso la ONU se ha mostrado incapaz de condenar la muerte de esos observadores simplemente porque en el texto aparecía la palabra condena. También sabemos quienes apuestan por la paz y quienes prefieren más bombas.
Desde hace tiempo aquí, tal vez condicionados por el GAL y la guerra de Iraq, existe la convicción indubitada de que al terrorismo se le tiene que hacer frente con el Estado de Derecho y con la legalidad internacional. Por ello las palabras de Elorriaga son lamentables y tienen un resabio de cinismo que, por reiterado, aburre.
El Partido Popular decidió hace tiempo sacar partido político de todo lo que pase, sabedor que hay una tropa de columnistas, contertulios y opinadores en general que jalearán sus tesis. El chaparrón que se llevó José Blanco por sus manifestaciones no son comprensibles sino desde la estrategia elaborada en Génova o donde sea, que ellos sabrán, o desde la equidistancia y la aceptación, sin matices, de lo políticamente correcto. Porque las palabras de Blanco son obvias de toda obviedad. Lo que dijo el Secretario de Organización del PSOE es que las víctimas civiles de los bombardeos israelitas no son “daños colaterales” sino un “objetivo buscado”. En las mismas declaraciones condenó las acciones terroristas de Hezbollah y la desproporcionada respuesta de Israel.
Si sabemos que Israel es capaz de matar a un enemigo que viaja en automóvil con un obús teledirigido; si cuenta con un ejército magníficamente dotado y con las armas más avanzadas; si la tecnología de hoy permite distinguir un edificio militar de una vivienda civil, detectar con precisión milimétrica todo tipo de instalaciones y reconocer cualquier movimiento que se produzca. Si todo esto es así, las afirmaciones de Blanco, conocidos los desastres de esta guerra, son procedentes y justificadas. Más aún, cuando Israel, horas antes de la reunión de Roma, decide la destrucción de un cuartel de la ONU matando a cuatro observadores internacionales, conociendo la ubicación, sabiendo que se le había avisado de su localización exacta y pidiéndoles, hasta en 10 ocasiones que detuvieran los ataques , ¿podemos aceptar que se trataba de un error?, ¿podemos aceptar estas muertes como “daños colaterales"?, ¿basta con pedir perdón? Este error buscado recuerda, en su método, al que costó la vida a José Couso .
Así pues, señor Elorriaga, la proporcionalidad está en el respeto a la legalidad. Legalidad que pasa por cumplir las resoluciones de la ONU y por respetar las infraestructuras civiles, por ejemplo. Y por último, conocemos lo que ha ocurrido desde la invasión de Iraq y, por ello, sabemos qué es lo que no se puede hacer para luchar contra el terrorismo.
Los lamentables episodios que se suceden en Oriente Medio nos confirman que algunos tienen patente de corso. La protección de EEUU a Israel es tal que incluso la ONU se ha mostrado incapaz de condenar la muerte de esos observadores simplemente porque en el texto aparecía la palabra condena. También sabemos quienes apuestan por la paz y quienes prefieren más bombas.





0 Comments:
Post a Comment
<< Home