Fotos de la guerra
Tenía pensado escribir algo sobre la percepción de que la cabeza de Bush es un páramo de ideas y su boca pura mierda. Exactamente como la de Aznar que, en una muestra más de su estulticia, entre risas, autosuficiencia y petulancia, publicita su próximo libro y se muestra orgulloso de la foto de las Azores. Pero lo haré una foto que me ha conmovido. Tenía pensado escribir sobre el cómputo de muertos que necesitan, estos salvadores de la humanidad,para entender que se equivocaron cuando nos dijeron aquello de la necesidad de extender las guerras para acabar con el terrorismo, hacer un mundo más seguro e imponer la democracia.
Tenía pensado escribir sobre todo ello pero, en el rastreo diario por la red, me topo con una fotografía de la guerra que perturba como ninguna otra. Porque, estos días, de Oriente Medio, nos llegan muchas imágenes. No ocurre igual en otros conflictos bélicos actuales, ni cuando el terrorismo actúa en N.Y.C., Madrid o Londres, por ejemplo. Sin embargo, esta ocasión, no hay obstáculo, ni pruritos morales; tampoco se reclama dignidad para las víctimas. La orgía de horror, sangre y muerte se imprime en las páginas de los periódicos y los testimonios gráficos del desastre se nos cuela en todos los medios para que comprobemos la magnitud de la tragedia.
Hemos visto niños inermes en brazos de adultos, adultos desesperados huyendo del espanto o yaciendo entre escombros y sangre. Hemos contemplado, una vez más, los mismos desastres de todas las guerras; edificios destruidos, puentes rotos y camiones de ayuda alimentarías bombardeados y muerte, sobre todo mucha muerte. Pero de todas las fotografías horrendas que nos llegan, una me ha producido estupor y pena.
En la image
n aparece una niña israelita escribiendo un mensaje en un obús que luego será lanzado. Es la fotografía de la desesperanza, la confirmación de que la paz tendrá que seguir esperando y que se inocula el veneno del odio. Cuando, al volver a casa, esa niña vea en la televisión los efectos del penúltimo bombardeo igual se siente feliz, con el espíritu patrio henchido de emoción, pensando que la muerte, el caos y la destrucción lo produjo el obús donde escribió, por ejemplo: “Saludos desde Israel, que tengáis un buen día”.
Las niñas son israelitas; la misma desazón hubiera producido si fueran libanesas o palestinas. Sabemos que un tercio de los muertos en Líbano son niños; que ésta, como todas, es una guerra contra los niños. Suele decirse que la primera baja de una guerra es la verdad. Observando esta foto habría que decir que la segunda es la inocencia.
Hemos visto niños inermes en brazos de adultos, adultos desesperados huyendo del espanto o yaciendo entre escombros y sangre. Hemos contemplado, una vez más, los mismos desastres de todas las guerras; edificios destruidos, puentes rotos y camiones de ayuda alimentarías bombardeados y muerte, sobre todo mucha muerte. Pero de todas las fotografías horrendas que nos llegan, una me ha producido estupor y pena.
En la image
n aparece una niña israelita escribiendo un mensaje en un obús que luego será lanzado. Es la fotografía de la desesperanza, la confirmación de que la paz tendrá que seguir esperando y que se inocula el veneno del odio. Cuando, al volver a casa, esa niña vea en la televisión los efectos del penúltimo bombardeo igual se siente feliz, con el espíritu patrio henchido de emoción, pensando que la muerte, el caos y la destrucción lo produjo el obús donde escribió, por ejemplo: “Saludos desde Israel, que tengáis un buen día”.Las niñas son israelitas; la misma desazón hubiera producido si fueran libanesas o palestinas. Sabemos que un tercio de los muertos en Líbano son niños; que ésta, como todas, es una guerra contra los niños. Suele decirse que la primera baja de una guerra es la verdad. Observando esta foto habría que decir que la segunda es la inocencia.





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